Hace un par de días me tocó estar en mi primer grito en mucho tiempo, debo decir que me sentí orgulloso. Por un momento me olvidé de la inmensidad de problemas que tenemos como nación: la violencia, la pobreza, la marginación, el desempleo, etc. y vi lo que nos hace fuerte: la gente.
Me di cuenta que México no lo hace su gobierno, n los edificios, ni si quiera la riqueza natural como ninguna otra, sino la tenacidad de su pueblo, que a pesar de todo se levanta día a día y trabaja, contra viento y marea sigue ahí. Muchos no aguantan y se llevan su trabajo a otra nación, pero no su corazón, eso nunca se deja.
Le quiero decir a mis hijos que hay esperanza y la esperanza está en ellos, confío en que harán lo correcto, no caerán en los mismos errores y que enderezarán el rumbo, pensar de otra manere no sería patriotico. En la columna de hoy de Germán Dehesa lo anota muy bien: “los héroes no nos dieron patria, nosotros la hacemos día a día”.
Dicen que la cura contra el nacionalismo es viajar y cualquiera que lo haga regresará a su tierra e invariablemente exclamará: ¡cómo México no hay dos!
Así que ¡Viva México!